Nos gusta percibir el mundo de manera idealizada, pensamos que nos deben juzgar por nuestro trabajo, por nuestro noble corazón y no por nuestra apariencia, creencias o actitudes.
Disculpen la comparación pero se me ocurrió mientras cepillaba a mis perros, lo comento ya que a pesar de que mis perros no son de raza, son mestizos 2 de ellos, reciben miradas y halagos de las personas, pero que tal un perro de la más pura raza, sucio, con bolas de pelo, lo primero que hacemos es alejarnos, automáticamente clasificamos, es una condición humana, nos facilita el tomar decisiones, nos protege. Como funciona esto, cuando vemos ese perro sucio, nuestro cerebro nos alerta, dice aléjate, puede estar enfermo, puede morderte, nuestra mente nos está salvando la vida, y hacemos lo mismo con las personas, ya sé que todos dicen no juzgues un libro por su portada, pero claro está, que para leer ese libro de mala portada, uno tiene que armarse de valor y superar varios prejuicios antes de pensar seriamente en leer este libro.
Y esto nos lleva a la primera impresión, esto nos abre puertas, nos facilita el camino para alcanzar nuestros objetivos siempre y cuando sea una buena impresión, esto es el mundo real, en todo momento somos juzgados por los demás, así que una buena portada puede hacer mucho por nosotros, desde los principios de la humanidad nos hemos separado por color de piel, por creencias religiosas, por gustos musicales, por preferencias sexuales, actualmente habrá muchos que digan que no es válido esto, pero en el fondo continuamos realizando esta actividad de clasificación, simplemente reflexionemos sobre nuestros mejores amigos son tan parecidos a nosotros, nunca he sido una persona que trate de agradarle a los demás, bueno siempre hay que ser uno mismo y sobresalir por ello, pero la relación con los demás es algo importante en tener en cuenta, al cosechar buenas relaciones tendremos un mar de oportunidades para desarrollarnos.
Quien no conoce a alguien, que aunque no sepa hacer las cosas por cómo se vende logra obtener lo que se propone, ahora uno que tiene la capacidad de hacer, si le agregamos la cualidad de saber vendernos, podremos obtener todo lo que nos propongamos, esto no es cuestión de nacer con esta cualidad, es de aprenderla, desarrollarla y aprovecharla.
Hablando de números, cuantos millones de personas tendrán las mismas capacidades que nosotros, las mismas oportunidades, los mismos conocimientos, esto nos obliga a buscar la manera de diferenciarnos, de reducir ese número a unos cuantos, a distinguirnos entre la multitud.
Y por si fuera poco no basta con tener una linda portada, esta portada debe representar lo que somos, siendo congruentes con nosotros mismo, de nada servirá tener una excelente primera impresión si no somos capaces de preservarla en el tiempo. Suena complicado, pero justamente es lo que nos va a diferenciar del resto, hacer las cosas que para los demás es difícil, ese es el verdadero emprendedor, el que se arriesga donde pocos.
Hay que venderse como oro y en el proceso convertirse en oro.
domingo, 11 de enero de 2009
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La verdad es que he reflexionado en eso, en muchos aspectos de mi vida, y más que nada hasta hace un rato que fui a una conferencia de personal branding fue que me cayó el 20 como dicen por ahí.
ResponderEliminarComparto tu opinión ya que yo era o soy o trato ya de no hacerlo, porque como formarme un prejuicio de alguien que apenas veo y trato sin antes darle la oportunidad.
Alguien me enseño a lo largo de muchos años a no ser así, y pues en algunos momentos lo hago, pero recuerdo que debo cambiar esa actitud, y preocuparme por mi.
Yo en lo personal, quiero lograr lo que antes hacia en cuanto a ese aspecto de mi vida, era constante en ello, y pues lo he vuelto a retomar porque es importante, para mi en lo muy personal no lo es, pero en este mundo que te juzgan por lo que proyectas externamente si es necesario.
Me gusta lo que escribes.
Y la verdad comparto tus opiniones.
Felicidades.